Patrimonio Cultural

La memoria es una parte esencial en la identidad de un pueblo. “Un pueblo sin memoria deja de ser un pueblo” 

Memoria Viva del Valle

Desde el comienzo de este movimiento ciudadano, donde confluyen personas de distintas edades, fue necesario reunirnos frecuentemente para mantenernos informados de todo lo que iba sucediendo respecto a la posible aprobación del PGO. En estos encuentros las personas mayores contaban los sacrificios que habían realizado a lo largo de sus vidas, para lograr crear su hogar y las “tierritas” que a tantos había nutrido y, que ahora, querían arrebatarles. Muchas personas jóvenes escuchaban embelesados relatos que desconocían y les asombraban. Este hecho, unido a los pocos documentos históricos, nos llevó a pensar que era necesario rescatar los testimonios orales de las personas más longevas de la Asociación. Así fue cómo surgió la inquietud de entrevistar a estas personas y realizar una pequeña revista bimensual que llamamos El Calabazo. 

 A esta actividad se le sumaron otras que conformaron el proyecto llamado “Memoria viva de nuestro Valle”. Entre esas actividades estaban los talleres intergeneracionales, los talleres de mayores en la Casa de Carta con un doble objetivo: dar a nuestros mayores la satisfacción de compartir momentos de encuentro con sus recuerdos y aprovechar su conocimiento para realizar una datación de las fotografías del archivo.   

Prontamente se apreció la colaboración entre los vecinos y vecinas, no solo se encargaban de informar unos a otros, sino que cada uno aportaba lo que podía desde sus posibilidades y capacidades, unos estudiaban documentos, otros aportaban espacios en sus casas, otros fotocopiaban, traían viandas, hacían planos o simplemente trasladaban a los que no tenían coche. De esta manera, se empezó a dar valor a costumbres perdidas con el tiempo, como el trueque. 

Con el Cabildo de Tenerife realizamos un trabajo de investigación sobre este tema. La idea del trueque y del regalo nos recordó la teoría del “Don” o “el Regalo” del antropólogo Marcel Mauss, que hablaba de la importancia de los intercambios en las sociedades a lo largo de la historia.   

A raíz de una charla del antiguo director del Museo de Historia y antropología de la Casa de Carta, Fernando Estévez, sobre los diferentes tipos de intercambios iniciamos las fiestas del Don. De la misma manera que hace años se comenzó a celebrar el día de Valle de Guerra, como una fiesta reivindicativa para solicitar un Centro Ciudadano, volvimos a retomar la idea con la fiesta del Don en el mismo lugar y de la misma manera, sin ayudas institucionales, con la organización del pueblo únicamente, haciendo intercambios de comidas que llevamos a la plaza, cada cual colaboraba con sillas, mesas, calderos, música, etc. Durante varios años se siguió celebrando esta fiesta sin ninguna ayuda institucional y salvando numerosos impedimentos.  

A partir de 2018 fue imposible continuar con estas celebraciones dado el cambio de normativa que hizo la corporación municipal que impedía la ocupación del suelo público a las fiestas populares que el Ayuntamiento consideraba no oficiales. Aquí comenzó otra lucha por exigir las dotaciones e infraestructuras mínimas para que un pueblo pueda crecer culturalmente (centros culturales, deportivos, parques, ampliación del Centro ciudadano)  

Aunque esta fiesta no se pudo seguir realizando en la plaza, sí continuamos con diversas actividades organizando excursiones culturales y comidas convivenciales.  

En 2021 el área de Bienestar Social nos subvenciona la publicación de un libro de una parte del trabajo de investigación que llevamos realizando durante años con los testimonios orales y con información de archivos históricos.  

Memoria Viva del Valle

Desde el comienzo de este movimiento ciudadano, donde confluyen personas de distintas edades, fue necesario reunirnos frecuentemente para mantenernos informados de todo lo que iba sucediendo respecto a la posible aprobación del PGO. En estos encuentros las personas mayores contaban los sacrificios que habían realizado a lo largo de sus vidas, para lograr crear su hogar y las “tierritas” que a tantos había nutrido y, que ahora, querían arrebatarles. Muchas personas jóvenes escuchaban embelesados relatos que desconocían y les asombraban. Este hecho, unido a los pocos documentos históricos, nos llevó a pensar que era necesario rescatar los testimonios orales de las personas más longevas de la Asociación. Así fue cómo surgió la inquietud de entrevistar a estas personas y realizar una pequeña revista bimensual que llamamos El Calabazo. 

A esta actividad se le sumaron otras que conformaron el proyecto llamado “Memoria viva de nuestro Valle”. Entre esas actividades estaban los talleres intergeneracionales, los talleres de mayores en la Casa de Carta con un doble objetivo: dar a nuestros mayores la satisfacción de compartir momentos de encuentro con sus recuerdos y aprovechar su conocimiento para realizar una datación de las fotografías del archivo.  

Prontamente se apreció la colaboración entre los vecinos y vecinas, no solo se encargaban de informar unos a otros, sino que cada uno aportaba lo que podía desde sus posibilidades y capacidades, unos estudiaban documentos, otros aportaban espacios en sus casas, otros fotocopiaban, traían viandas, hacían planos o simplemente trasladaban a los que no tenían coche. De esta manera, se empezó a dar valor a costumbres perdidas con el tiempo, como el trueque. 

Con el Cabildo de Tenerife realizamos un trabajo de investigación sobre este tema. La idea del trueque y del regalo nos recordó la teoría del “Don” o “el Regalo” del antropólogo Marcel Mauss, que hablaba de la importancia de los intercambios en las sociedades a lo largo de la historia.  

A raíz de una charla del antiguo director del Museo de Historia y antropología de la Casa de Carta, Fernando Estévez, sobre los diferentes tipos de intercambios iniciamos las fiestas del Don. De la misma manera que hace años se comenzó a celebrar el día de Valle de Guerra, como una fiesta reivindicativa para solicitar un Centro Ciudadano, volvimos a retomar la idea con la fiesta del Don en el mismo lugar y de la misma manera, sin ayudas institucionales, con la organización del pueblo únicamente, haciendo intercambios de comidas que llevamos a la plaza, cada cual colaboraba con sillas, mesas, calderos, música, etc. Durante varios años se siguió celebrando esta fiesta sin ninguna ayuda institucional y salvando numerosos impedimentos. 

A partir de 2018 fue imposible continuar con estas celebraciones dado el cambio de normativa que hizo la corporación municipal que impedía la ocupación del suelo público a las fiestas populares que el Ayuntamiento consideraba no oficiales. Aquí comenzó otra lucha por exigir las dotaciones e infraestructuras mínimas para que un pueblo pueda crecer culturalmente (centros culturales, deportivos, parques, ampliación del Centro ciudadano) 

Aunque esta fiesta no se pudo seguir realizando en la plaza, sí continuamos con diversas actividades organizando excursiones culturales y comidas convivenciales. 

En 2021 el área de Bienestar Social nos subvenciona la publicación de un libro de una parte del trabajo de investigación que llevamos realizando durante años con los testimonios orales y con información de archivos históricos. 

Galería

DOCUMENTALES SOBRE EL

Patrimonio cultural de Valle de Guerra

Con la intención de dar a conocer la Historia y el Patrimonio de Valle de Guerra entre los más jóvenes, la Asociación ha generado algunos materiales didácticos para el alumnado de Secundaria y Bachillerato. Uno de ellos son los itinerarios sobre algunos hitos fundamentales como, por ejemplo, las haciendas, que unen y dan forma a un discurso que pone en valor la herencia cultural, social y etnográfica de Valle de Guerra. 

Se conocen como haciendas a las fincas agrícolas, comprendidas tanto por las casonas, algunas visitables en la actualidad, como los terrenos de cultivo que las comprenden y rodean. Estas edificaciones han sufrido cambios en los nombres, haciendo difícil su identificación, además de que las casonas, arquitectura que se ha conservado, han quedado ocultas a la vista y alejadas de los caminos y carreteras, donde antes se situaban. En Valle de Guerra, encontramos estas haciendas en las zonas altas, dominando el valle. Estas, hasta bien entrado el siglo XIX y casi el XX, estaban en las manos de las familias con gran poder económico y social, llamados tradicionalmente “señores”. Estas familias no vivían asiduamente en las haciendas, pues sus primeras residencias estaban en las ciudades y solo se desplazaban de forma ocasional, como en los momentos de cosecha o cuando el clima era más grato. La cercanía a la ciudad y las mejores condiciones de los caminos hicieron de las haciendas de Valle de Guerra y Tegueste las residencias predilectas de la élite terrateniente para la celebración de fiestas, banquetes y bailes, pues permitían desplazamientos de ida y vuelta en el mismo día. Al ser actividades que solo podemos documentar mediante relatos personales, apenas sí contamos con datos que nos hablen de este tipo de celebraciones a partir del siglo XVIII. 

Itinerarios patrimoniales y etnográficos

recorridos por valle guerra

Con la intención de dar a conocer la Historia y el Patrimonio de Valle de Guerra entre los más jóvenes, la Asociación ha generado algunos materiales didácticos para el alumnado de Secundaria y Bachillerato. Uno de ellos son los itinerarios sobre algunos hitos fundamentales como, por ejemplo, las haciendas, que unen y dan forma a un discurso que pone en valor la herencia cultural, social y etnográfica de Valle de Guerra. 

Se conocen como haciendas a las fincas agrícolas, comprendidas tanto por las casonas, algunas visitables en la actualidad, como los terrenos de cultivo que las comprenden y rodean. Estas edificaciones han sufrido cambios en los nombres, haciendo difícil su identificación, además de que las casonas, arquitectura que se ha conservado, han quedado ocultas a la vista y alejadas de los caminos y carreteras, donde antes se situaban. En Valle de Guerra, encontramos estas haciendas en las zonas altas, dominando el valle. Estas, hasta bien entrado el siglo XIX y casi el XX, estaban en las manos de las familias con gran poder económico y social, llamados tradicionalmente “señores”. Estas familias no vivían asiduamente en las haciendas, pues sus primeras residencias estaban en las ciudades y solo se desplazaban de forma ocasional, como en los momentos de cosecha o cuando el clima era más grato. La cercanía a la ciudad y las mejores condiciones de los caminos hicieron de las haciendas de Valle de Guerra y Tegueste las residencias predilectas de la élite terrateniente para la celebración de fiestas, banquetes y bailes, pues permitían desplazamientos de ida y vuelta en el mismo día. Al ser actividades que solo podemos documentar mediante relatos personales, apenas sí contamos con datos que nos hablen de este tipo de celebraciones a partir del siglo XVIII.